Salimos de Calatayud temprano, con el depósito lleno y sin ruta exacta. Solo sabíamos que queríamos acabar en el Monasterio de Piedra, y que el camino sería tan importante como el destino. Y así fue. Esta zona de Aragón es un secreto bien guardado para los amantes del coche y la historia.
La carretera A-202 serpentea entre paisajes de piedra rojiza, pinares y campos de cultivo. A medio camino, puedes parar en Nuévalos o dar un desvío hasta el embalse de La Tranquera. Todo está pensado para conducir sin prisa, con la ventanilla bajada y buena música sonando.
El Monasterio de Piedra, al final del recorrido, es el broche perfecto: naturaleza, cascadas, cuevas y una energía muy especial. Una escapada que combina cultura, motor y desconexión. De esas que te reconcilian con el volante.
