Annecy es uno de esos lugares mágicos donde la moto y el paisaje se entienden sin hablar. Rodeado de montañas, con un lago de aguas turquesa y calles de aire medieval, este pueblo francés fue nuestro punto de partida para cruzar los Alpes. Y no podríamos haber elegido mejor.
Además de su belleza, Annecy tiene ese ambiente relajado pero activo que te hace querer salir a rodar desde el amanecer. Las rutas cercanas ofrecen de todo: puertos como el Semnoz, caminos junto al lago y accesos fáciles a la frontera suiza. Es perfecto tanto para principiantes como para quienes buscan emociones fuertes.
Tras cargar las mochilas y revisar la Kawasaki, ahí arrancó la aventura. Y aunque el destino era importante, Annecy se quedó grabado en nosotros como un punto de inflexión. A veces, el verdadero viaje empieza justo donde más en paz te sientes.
